Agenda Conmemorativa

Texto e imágenes reproducidas con autorización de Agenda 2014

D.R. 2013, S y G Editores

D.R. 2013, Asociación para el Desarrollo Integral de la Región de Misantla, A.C. 

Presentación

 

Los orígenes de todo pueblo se sumergen en la historia y con frecuencia se pierden en el tiempo lejano. Por ello, el asentamiento de un grupo humano en el paisaje no siempre debe entenderse como “fundación”;  el primero alude a un proceso que implica traslados, colonizaciones, reocupaciones e inmigraciones, la segunda se refiere a un acontecimiento preciso, ocasionado por motivos políticos, religiosos, económicos e incluso míticos. No obstante, cuando existe la fortuna de contar con fechas, se abre una oportunidad para que la población celebre el éxito que ha alcanzado el núcleo primigenio, sin duda establecido con esperanza, aun cuando el paisaje natural pareciera intimidante.

 

Esta Agenta 2014 presenta una síntesis de distintas fuentes alusivas al establecimiento de Santa María de la Asunción Misantla, en el lugar que hoy ocupa la señorial ciudad. Como adelante se explicará, se retoma la fecha del traslado de la población indígena de Pueblo Viejo (20 de enero de 1564) como un equivalente fundacional generalmente aceptado, a pesar de que existen evidencias físicas de construcciones prehispánicas en el lugar, hoy cubiertas por la mancha urbana y las extraordinarias edificaciones de la Iglesia parroquial y la Casa de cultura.

 

Cuando una ciudad contemporánea realiza una conmemoración sobre esos eventos históricos rinde también un homenaje a los fundadores, a los primeros colonos que con su sapiencia, fincaron el espacio que hoy se convierte en la morada de miles de habitantes, sin importar que sean o no descendientes de aquellos antiguos pioneros.

 

Además, los festejos fundacionales son un buen motivo para propiciar la reflexión sobre el devenir histórico de nuestra morada colectiva, que permite fomentar los lazos comunitarios en el regocijo o en la desgracia, cuando alguna catástrofe natural o social afecta el entorno compartido. El espacio se convierte entonces en un vínculo entre las sociedades del pasado, del presente y del futuro porque en un sentido, comparte el paisaje circundante.

 

La reflexión sobre el éxito de un asentamiento no sólo radica en su permanencia y en su crecimiento urbano, sino también en la eficacia y la racionalidad con la que se han manejado los recursos a lo largo del tiempo. Si el paisaje parecía prometedor en los asentamientos primarios debe ser una obligación cívica conservar esas bondades naturales y transferirlas a generaciones futuras. Sólo así podríamos darle verdadero sentido a los aniversarios de una población.

 

La actual ciudad de Misantla ha crecido de manera continua gracias a la generosidad de la naturaleza y a su estratégica posición. Sus suelos fértiles, la abundancia del recurso acuático y la cercanía a ecosistemas heterogéneos entre la sierra y la costa han sido condiciones atractivas para grupos de inmigrantes de muy diversos orígenes autóctonos y europeos. En este lugar encontraron cobijo, construyeron moradas y fortunas, y fundieron sus tradiciones culturales.

 

Paradójicamente, el acelerado crecimiento de la población ha extendido la ocupación territorial fuera de las áreas propicias para el asentamiento humano. Además, las multiplicadas necesidades de los habitantes ha incrementado la explotación del entorno, extendiendo el perímetro de las áreas perturbadas. Pero debemos estar alertas porque la historia nos ha mostrado muchos casos donde el hombre ha rebasado la máxima capacidad de soporte del medio ambiente, provocando dramáticas repercusiones en su calidad de vida.

 

Confiamos en que el próximo Aniversario de Misantla sea el marco festivo más propicio para reunir armónicamente todos los esfuerzos en favor del desarrollo armónico y sustentable de la región.

 

Sergio R. Vázquez Zárate

 

Director de la Facultad de Antropología, UV

Historia local

 

La historia prehispánica de Misantla registra por lo menos dos movimientos del asentamiento primigenio; el primero lo ubica en un lugar denominado El Tularcillo, entre los actuales municipios de Altotonga y Tenochtitlan, donde podría situarse el origen remoto del pueblo, por estar muy cerca de una congregación llamada Misantla el Viejo, en el municipio de Tlacolulan.

 

Las incursiones del conquistador texcocano Mazatecuhtli, señor de Huexotlan, provocaron el desplazamiento de sus habitantes al sitio hasta hoy llamado Pueblo Viejo, hacia el año 1142. Mazatecuhtli conquistó el pueblo fundado por totonacas que existía con anterioridad y, desde entonces, el nombre de Misantla fue tomado del conquistador y no del fundador anónimo. Por ello, el historiador David Ramírez Lavoignet asienta que la etimología correcta procede del nombre náhuatl (mazatl = venado, tecuhtli = señor, tlan = lugar) y podría traducirse como: Ciudad del Señor Venado.

 

Después vendrían otras dos incursiones de la Triple Alianza mexica integrada por Tenochtitlan, Texcoco y Tlacopa; en 1470 la del conquistador tenochca Axayácatl (padre de Moctezuma II), quien gobernó su ciudad entre 1469-1481 e impulsó una campaña militar de conquista y dominio; 391 señoríos llegaron a pagar tributo al Imperio encabezado por Tenochtitlan, entre ellos varios pueblos de la tierra caliente del Golfo de México, como fue el caso de Misantla. Para ese entonces se conservaba la lengua totonaca pero con gran penetración cultural náhuatl.

 

En 1586 hubo otra incursión del tlatoani texcocano Netzahualpilli (1472-1515), hijo predilecto de Netzahualcóyotl, el “Rey poeta”, quien lo sucedió en el trono en 1473. Al igual que su padre, fue sabio, poeta y buen gobernante. Expresaba: “la embriaguez desfigura los rostros; y la guerra lo acaba todo, cubriendo de gloria al hombre, pero con la penosa muerte de los amigos”.

 

A la llegada de los españoles, el pueblo que se identificaba a sí mismo como Misantla se encontraba en Pueblo Viejo, lugar que conocieron los españoles, invitados por sus señores principales: Macuilcuauhuizti y Xohuilitzin, quienes ya se habían entrevistado en la Villa Rica con Hernán Cortés, el 19 de junio de 1519. A este lugar los españoles le impusieron el nombre cristiano de un santo y lo nombraron San Juan Misantla [1].

 

Luego de la caída de Tenochtitlan se inició el proceso de evangelización. Los primeros misioneros se establecieron en las ciudades ya existentes y en las grandes cabeceras rurales, donde los templos nativos fueron transformados en iglesias; en nuestra región se asentaron en el pueblo de San Juan Chapultepec (hoy municipio de Coacoatzintla), centro de operaciones del gobierno español que servía para controlar la sierra de Chiconquiaco. En 1533 los pueblos de Naolinco y Acatlán se rebelaron contra el nuevo gobierno, forzando la creación de un Corregimiento en San Juan Chapultepec que perduró hasta 1553, posteriormente, este corregimiento se mudó al pueblo de Jalapa [2], lugar que tenía mayores posibilidades de desarrollo ya que se encontraba precisamente en el antiguo camino que unía a Veracruz con la gran Tenochtitlan (México), ruta antes empleada por el “correo” de Moctezuma.

 

San Juan Chapultepec perdió importancia debido al crecimiento de la vecina Coacoatzintla y al traslado del corregimiento a Jalapa. Se sabe que allí se asentaron los primeros frailes, entre ellos el evangelizador de Pueblo Viejo (San Juan Misantla), fray Buenaventura de Fuenlabrada, quien vivía en San Juan Chapultepec; de allí emigraron los frailes a Jalapa donde fundaron el Convento de San Francisco en 1534.

 

En septiembre de 1554 el virrey de la Nueva España ordenó al corregidor de Jalapa “reducir” (congregar) a todos los indios de la costa del Golfo, desde las sierras de Almería (Nautla) hasta la Vera Cruz. Las dificultades para evangelizar a tantos indios dispersos por la sierra alta dio lugar a la segunda “congregación de indios” en 1564, reunidos en una nueva cabecera: Misantla.

 

En esta segunda reducción, Chiconquiaco, Chapultepec y Tlacolulan habían sido escogidos como centros de congregación. Pero Pueblo Viejo (San Juan Misantla), que estaba más retirado y cuyo señorío se extendía más allá de cuatro leguas hacia el norte, tuvo otro destino, pues el evangelizador sugirió su traslado a un nuevo corregimiento, donde propondría otra concentración paulatina de los pueblos indios. Así ocurre el segundo movimiento: traslado de Pueblo Viejo (San Juan Misantla) al lugar que ocupa desde entonces la ciudad de Misantla [3].

 

Durante el siglo XVI los nativos llamaban a esta población Mazantla, que es una alteración fonética en el orden de las letras de Maza-tlán, topónimo que tiene su origen en la lengua náhuatl, derivado de Mázatl, venado y Tlan, lugar: lugar del venado. En esta designación locativa se omitió la alusión al antiguo conquistador texcocano.

 

Sin embargo, los nativos, usando el idioma totonaco designaban a esta población Nizin, que significa “tigre bueno”; se dice que durante la colonia se ocupaba la designación de Santa María de la Asunción Nizin para referirse a Misantla. Según Ramírez Lavoignet, Nizin como toponímico totonaca resulta incompleto, pues debería ser Nac-Ca-Nizin: lugar del tigre. Y tal designación se encuentra emparentada sospechosamente con las tradiciones de origen consignadas en el Popol Vuh, pues Balam Quiché, el “tigre bueno”, patriarca de los Quichés, descubre el maíz en las tierras prodigiosas de Paxil-Tlalocan, posiblemente situadas en la actual congregación de Morelos, en el municipio de Misantla.

 

El fonema i de Misantla procedió del nizin totonaco, trocándose la primera a de mázatl. Durante el siglo XVI existió también la tendencia de cambiar la inicial M por N, ya que en diversos documentos de la época se encuentra escrito Nizinte o Nizan-tle. La costumbre ha determinado la escritura de este toponímico con S, es decir, Misantla, en vez de Mizantla. Convirtiéndose MISANTLA en la designación oficial. 

Las investigaciones

 

Dos prominentes investigadores adscritos a la Universidad Veracruzana nos han legado sus escritos sobre la historia antigua de Misantla: el maestro David Ramírez Lavoignet (n. Misantla) y el maestro José Luis Melgarejo Vivanco (n. Palmas de Abajo, Mpio. Actopan). Entre otros escritos, el primero hace una interpretación del documento más antiguo que se conoce sobre Misantla: La Relación de Diego Pérez de Arteaga de 1577 donde da cuenta de la existencia y situación del pueblo de Santa María de la Asunción Misantla, fundado por los frailes franciscanos establecidos en la región.

 

La Relación de Misantla de Pérez de Arteaga ya se encontraba enlistada en el Catálogo de Gómez de Orozco (1927), que sigue en poder de la Universidad de Texas en Austin. El valor de la edición de Ramírez Lavoignet, que la Universidad Veracruzana publicó en 1962 [4], radica en su intento de difusión y de interpretación, como puede inferirse en su introducción y notas. Sin embargo, habría que confrontarla con los comentarios de René de Acuña a este respecto [5].

 

Por su parte, entre otras investigaciones, el maestro Melgarejo Vivanco hizo una interpretación del Códice Misantla, elaborado en 1571, con algunas correlaciones entre los distintos calendarios mesoamericanos y el “calendario oficial”, aportaciones importantes pero quizá no tan claras para los no especialistas en el tema, debido a que las fechas de la fundación y traslado de los pueblos varían por décadas con respecto a las que dio a conocer en su momento el maestro Ramírez Lavoignet y que son en las que se basa la contabilidad del evento más importante en nuestra historia local, el traslado o fundación de Misantla, que ocurrió el 20 de enero de 1564. Por ello, seguiremos empleando las fechas que conocemos hasta ahora por fuentes documentales, a menos que se demuestre lo contrario, ya sea a partir de estudios soportados por nuevos documentos históricos o correlacionando matemáticamente los diferentes calendarios existentes en aquellos tiempos para reajustar las fechas, si fuese necesario.

 

La región de Misantla requiere profundizar los estudios e investigaciones sobre historia antigua, antropología y arqueología para descifrar y entender el legado de nuestros antepasados presente en por lo menos tres importantes centros ceremoniales del municipio: Tochpan (Los Ídolos), Tapapulum (Congregación de Tapapulum) y Paxil-Tlalocan (Congregación de Morelos).

 

La ASODIREMI ha publicado un importante avance sobre las investigaciones que un grupo interdisciplinario de investigadores ha realizado en el primer sitio [6], recogidos en la obra: Los Ídolos Misantla: Biodiversidad y cultura ancestral; sin embargo, quedan todavía otros lugares sin explorar que sólo conocemos por su nombre y que pudieran ser tan importantes como estos tres. Entre ellos pueden citarse: Tapachapan (Chapachapa), San Juan Misantla (Congregación de Pueblo Viejo), Nanacatlán (Congregación de Salvador Díaz Mirón), Tlapoztectlán (Congregación de Poxtitlán), Macuiquilitlán (Congregación de Plan Grande), Chiconaucalpulan (Congregación de Santa Cruz Hidalgo), Huehuetepec (Cerro de San Pedro), Xilopan (Pachaca) y Cipactlán (Brazo Seco y Manantiales) [7].

Los “libros pintados”

 

Los estudios etnohistóricos necesitan fuentes documentales para ser estudiados con visión de conjunto. Con la destrucción de los códices en la Conquista y la Colonia se perdieron rasgos importantes de nuestra cultura ancestral. Aunque poco tiempo después, evangelizadores y autoridades civiles conscientes de la pérdida de conocimiento, iniciaron el rescate de la historia por la vía oral plasmada en los “libros pintados” sobre papel amate, tradición que ya existía en la cultura indígena y que se continuó hasta el siglo XVIII. “En la provincia de Méjico tenían su librería, historia y calendarios que pintaban con sus propias imágenes. Allí distribuían sus tiempos, sus tierras y el conocimiento de las plantas, animales y otras cosas naturales.” [8].

 

No cabe duda, el rescate también tenía como objetivo llenar el vacío de información sobre el idioma, la historia, la organización social, económica y religiosa de los pueblos indígenas sometidos para imponer los españoles su nuevo orden social. De la época novohispana aún encontramos diarios de viajeros, narraciones de conquistadores, crónicas provinciales, cartas, códices, obras del mundo indígena, documentos de archivos y relaciones geográficas.

 

Los códices Misantla (1571), Chapultepec o Tonayán (1665), Coacoatzintla (1555?), Chiconquiaco (1542) y Actopan tienen fuertes semejanzas y merecen especial atención en su estudio. El Códice Misantla surge por un conflicto de tierras entre Chapultepec y Tonayán, que antes pertenecía al señorío de Misantla. A este tipo de códices que se generaban para defender la tierra y sus límites se les llama tipo Techialoyan.

 

Los códices indígenas que llamamos “de conflictos de tierras” fueron instrumentos para tratar de conservar derechos ancestrales, para definir o proteger las extensiones territoriales de los antiguos señoríos o para denunciar abusos de unos pueblos sobre otros.

 

Por ejemplo, el Códice Xicotepec fue elaborado entre 1564-1572 con la idea de conservar la memoria de las tradiciones históricas para su propio acervo cuyo autor pudo haber sido un tlacuilo o el propio cacique del lugar. Curiosamente contiene el glifo para la ciudad de Xicotepec en nahua, totonaco y otomí, y se relaciona con la progresión de números de la historia totonaca en el reverso del Códice Chiconquiaco [9].

 

Por otro lado, el escudo de armas de Tlacolulan está representado por un tlacuilo. Y su toponimia se describe como lugar de pintores, escribientes o secretario de tlacuilo: escriba encargado de dar cuenta de los actos del tlatoani o cacique; y lan lugar. Como la escritura náhuatl era ideológica, Tlacolulan también puede traducirse como: Lugar de pintores de códices.

Las relaciones geográficas

 

Las relaciones geográficas de la Nueva España son el resultado de la petición de los Reyes de España en turno, para ubicar y controlar todas las provincias de su Reino con el objeto de conocerlas y mantener un mejor control y poder. Básicamente se formaban con las respuestas de gobernadores, corregidores, alcaldes mayores, religiosos y personas indígenas, a un cuestionario de cincuenta preguntas muy semejantes a nuestros actuales censos. El cuestionario contenía preguntas sobre aspectos geográficos y orográficos de las localidades: ríos, lagos, cerros, salitreras, minas, etc. También solicitaba información sobre la historia prehispánica y sobre la infraestructura religiosa: catedrales, iglesias, conventos, escuelas y hospitales. Los datos demográficos relacionados con la población indígena, pueblos despoblados, enfermedades y epidemias. Por último, se solicitaba información sobre casas y fortalezas.

 

Las relaciones geográficas de la Nueva España fueron realizadas por lo menos en cuatro periodos: en 1577 por el rey Felipe II, siendo virrey de la Nueva España, don Martín Enríquez Almanza. En el siglo XVIII, 1743, el rey Felipe V ordenó una nueva serie; lo mismo hizo el rey Carlos III en 1777, siendo virrey de la Nueva España Antonio María Bucareli; la última colección fue ordenada por Carlos IV cuando era virrey el segundo Conde de Revillagigedo en 1790 [10].

 

En 1741 el Consejo de Indias pidió informes sobre las colonias de la Nueva España gobernada por el virrey Fuenclara, quien ordenó se levantara la información. Los coordinadores fueron Francisco Sahagún de Arévalo y Antonio de Villaseñor y Sánchez [11].

 

Fue Francisco del Paso y Troncoso quien las recopiló y las dio a conocer en sus Papeles de la Nueva España (1906); después Vargas Rea (1940) trató de continuar la publicación de estos documentos y, finalmente, René Acuña (1984) con el apoyo de los Institutos de Investigaciones Filológicas y Antropológicas de la UNAM, hicieron una nueva edición de estas importantes fuentes documentales.

 

Las relaciones geográficas del siglo XVI se encuentran en diversos acervos en Europa: Archivo General de Indias en Sevilla; Biblioteca de la Real Academia de la Historia en Madrid; Universidad de Glasgow en Escocia y Universidad de Austin Texas, EE.UU. Casi todas las existentes se han publicado, pero algunas se encuentran perdidas. Las relaciones geográficas se han agrupado por obispados: México, Tlaxcala, Antequera, Michoacán, Nueva Galicia y Guatemala.

 

Para armar las piezas del rompecabezas y obtener mayor claridad sobre nuestra historia local y regional debemos necesariamente retomar el estudio de estos documentos. Es la intención de esta agenda interesar a nuevos valores recorrer estos caminos. 

El Códice Misantla

 

En su libro El Códice Misantla, José Luis Melgarejo Vivanco [12] nos platica la historia de la identificación y ubicación del documento. Narra que en la sesión del 3 de junio de 1911 de la Sociedad Científica “Antonio Alzate”, Ramón Mena Isassi (1867-1957) da cuenta por primera vez de la existencia del Códice Misantla. Mena menciona que “la pictografía era conservada por los indígenas en el Ayuntamiento, considerada como un mapa regional, pintado sobre tela indígena precortesiana, que fue llevada a Xalapa por un asunto administrativo y que la secretaría de gobierno mandó sacar una copia fiel y a color, devolviendo la copia a los indígenas, quedándose con original” [10].

 

El Códice Misantla se confeccionó en el año 1571 (Ce ácatl) según queda registrado en el mismo documento, debido a una disputa de tierras entre el señorío de Chapultepec y el señorío de Misantla que se había iniciado en 1552. El primero reclamaba unas tierras que decía le pertenecían desde tiempo inmemorial y que habían sido invadidas por gente de Tonayán, cuando este pueblo todavía pertenecía al señorío de Misantla. Esto había sido provocado por el reacomodo de pobladores por sugerencia del evangelizador fray Buenaventura de Fuenlabrada. Sin embargo, el códice sirvió para aclarar tal punto y Misantla pudo triunfar en la disputa, consolidándose la propiedad mediante la fundación del pueblo de San Pedro Tonayán [1].

 

Que el Códice Misantla estuviera en Tonayán y no en Misantla se explica porque el 11 de junio de 1869 se suscita un reclamo de linderos entre Misantla y Tonayán, según documentos existentes en el archivo de Misantla, como cita Melgarejo Vivanco, y en defensa del caso, los indígenas de Tonayán presentaron copia de un lienzo pictográfico (que resultó ser el Códice Misantla), que guardaron desde entonces, eso quiere decir que en esa fecha, 1869, el Códice Misantla no se encontraba ya en su población, sino en Tonayán, para cuya defensa habría sido confeccionado tiempo atrás.

 

En ese entonces el Ayuntamiento de Misantla ignoraba la existencia de dicho códice y don David Ramírez Lavoignet inició su búsqueda. En 1939 lo localiza resguardado en el Ayuntamiento de Tonayán, de allí fue llevado a Xalapa donde el Gobierno del Estado lo mandó copiar, devolviendo la copia al pueblo de Tonayán y quedándose con el original, mismo que se perdió.

 

La copia de Tonayán fue comprada por Vicente Lombardo Toledano, y de allí Ramírez Lavoignet obtuvo otra copia que se encuentra en el Museo de Antropología de la Universidad Veracruzana.

 

Melgarejo Vivanco narra en su libro [12] que en 1945 Carlos Lascurain y Zulueta invitó a varios de sus amigos a mirar un códice que le vendía Sóstenes Blanco; resultó ser el Códice Misantla, comprado por Vicente Lombardo Toledano. Se sabe que dicho códice había estado en poder de Carolino Anaya, tal vez sustraído por él mismo en sus andanzas de control y despliegue de terror por la región. El Códice Actopan quedó resguardado en la Biblioteca “Venustiano Carranza” en la ciudad de Veracruz, de los otros dos se ignora su paradero.

 

El Códice Misantla mide 163.5 x 104 cm, está pintado al óleo sobre tela de fábrica y muestra no ser el original. Por lo que se deduce que los originales llevados a Xalapa del Códice Misantla y los códices Tonayán y Actopan (Véase la segunda solapa), se quedaron en Xalapa y el gobierno devolvió copias. 

El Códice Chiconquiaco

 

El códice Chiconquiaco data de 1542, elaborado en papel amate, mide 55 x 63 cm. Recién fue recuperado de manos ajenas y depositado en el Museo de Antropología de Xalapa. Narra el origen mítico de los totonacas, así como el reparto de tierras a cargo del primer virrey de la Nueva España, Antonio de Mendoza (Véase la segunda solapa). También existe una copia del mismo elaborada en papel colonial en 1877. Por eso se les llama Códices Chiconquiaco [13].  

El Códice Chapultepec

 

En la parte central del códice de Chapultepec se observa el pueblo de San Juan Chapultepec junto con sus corregidores y en sus cabezas las figuras de Hernán Cortés y Moctezuma, referentes a la fundación de su poder político. Abajo el corregidor, con su vara de poder, charlando con un monje franciscano, el primer evangelizador de estas tierras: Buenaventura de Fuenlabrada. Los jeroglíficos que aparecen en ese lugar corresponden a los nombres de los pueblos cercanos.

 

El Códice Coacoatzintla

 

Hace referencia a una disputa entre este pueblo y San Juan Chapultepec. La imagen muestra la reunión de gobernadores indios con el alcalde mayor de Xalapa, en 1531. La escena de las mojoneras se puede situar a mediados del siglo XVI ya que una glosa hace referencia a Juan García Galleja, corregidor de Xalapa, asociado al año 1555.

 

Referencias

 

1. Sánchez y Gándara, Arturo. Misantla: Cultura, tradición y leyenda. ASODIREMI, A.C. 2006. 74p.

2. Vásquez Zárate, Sergio R. Com. Pers. 25 sept. 2013.

3. López Romero, Paulo César. “Un historiador y sus viajes”. http://paulopages.blogspot.mx/2008/07/chapultepec-un-pueblo-olvidado-en-la.html

4. Gerhard, Peter. Congregación de indios en la Nueva España antes de 1570. Pp. 373-374. En: http://codex.colmex.mx:8991/exlibris/aleph/a18_1/apache_media/

5. Ramírez Lavoignet, David. Relación de Misantla de Diego Pérez Arteaga. Universidad Veracruzana. Cuadernos de la Facultad de Filosofía. Ed. Citlaltépetl, 1959.

6. Vásquez Zárate, Sergio R. et al (Eds). Los Ídolos, Misantla: Biodiversidad y cultura ancestral. S y G Editores- ASODIREMI, 2012. xvi+ 238p.

7. Ramírez Lavoignet, David. Arroyo Hondo. En: Historia Mexicana, COLMEX, Vol. XII, Enero-Marzo, Núm. 3, Tomo 47, 1963, p.408.

8. De Herrera, Antonio, Década. España, 1540

9. Stresser Péan, citado por Jerome A. Offner, en “Un segundo vistazo al Códice Xicontepec”, p. 79. Revista Itinerarios Vol. 11, 2010. http://iberystyka.uw.edu.pl/content/view/684/103/

10. José Omar Tinajero Morales. http://www.youtube.com/user/tijanero5678. 27 de mayo de 2011

11. De Villaseñor y Sánchez, Antonio. A partir de estos documentos el autor publicó: Theatro Americano. España, 1746.

12. Melgarejo Vivanco, José Luis. El Códice Misantla. Instituto de Antropología, Universidad Veracruzana, 1984.

13. González Callado, María de los Ángeles. “Los códices Chiconquiaco”, en Archipiélago. Pp. 51-52.